¿A quienes necesita el debate público?

2021-09-27

La nota de hace algunas largas semanas de Laura Zommer sobre el spot oficial que nos pide “hablar” sobre la “infodemia” (sic) es muy pertinente, por la advertencia que hace respecto del ecosistema comunicacional que una sociedad democrática necesita para funcionar y por el contexto en el que se publicó—en el marco de una gestión de la pandemia sumamente problemática. La nota es breve y recomiendo leerla. En resumen, Laura argumenta que los medios públicos no bastan para lidiar con el fenómeno de la desinformación—“el sistema democrático también necesita buenos medios privados. No sólo porque los ciudadanos deben contar con todas las fuentes y los recursos informativos posibles, sino también porque en esta lucha contra la desinformación es fundamental la pluralidad de voces. Las fuentes oficiales deben sopesarse con fuentes alternativas, en ciertos casos aún más especializadas”. Estoy muy de acuerdo con la nota de Laura, y con destacar que los medios públicos en nuestro país desde hace mucho son poco confiables por su falta de pluralismo. (El latiguillo es que son medios gubernamentales, no públicos, diferencia que se basa en distinguir entre gobierno y estado con base en la hipotética existencia de algo así como un servicio civil, una extrapolación un tanto imaginaria pero con mucho recorrido).

No tuve mucho para decir sobre la invitación de Laura que lanzó en twitter hasta hace relativamente poco, pero durante todo este tiempo me cruzó cierta incomodidad que creo que ahora puedo poner en palabras: además de buenos medios privados, y sin renunciar a medios públicos no partidizados ni sujetos a la tradicional lógica de “captura” de los sistemas de medios latinoamericanos, diría: con esto tampoco basta. En el escenario comunicacional horizontal que trajo Internet necesitamos, además, de individuos comprometidos con el rol de ciudadanos críticos, con el tiempo y las ganas de mirar (críticamente) a la cosa pública y con la capacidad de hacerlo de una manera inteligente e informada. Pueden ser un antídoto—no se si necesario o suficiente—contra males que el periodismo profesional arrastra desde hace muchos años, en muchos lados pero especialmente en nuestro país, como la excesiva dependencia de fondos públicos para existir o de fuentes oficiales para informar. El primer problema es estructural, hace a la economía política de los medios de comunicación y del periodismo y es una herramienta política a la que ningún político quiere renunciar. El segundo problema es de más larga data: los periodistas prefieren las fuentes oficiales, las construyen y alimentan y eso genera decisiones editoriales y profesionales que sirven más a la relación en sí que al público . (Sobre esto, ver el clásico estudio de Herbert J. Gans). Los individuos en Twitter y otras redes sociales son un antídoto imprescindible a esas “imperfecciones” del sistema.

Creo que el último año y medio arrojó buenas muestras de que esto que digo es cierto. Por un lado, las mejores visualizaciones de la información necesariamente compleja fue presentada por Mauro Infantino en Twitter, creador del sitio Covidstats. No sólo se adelantó a otros medios que usan herramientas similares, sino que hizo un esfuerzo público, transparente, que fue evolucionando y creciendo en parte como consecuencia de la conversación algo caótica que se da en las redes sociales. Algunos de los mejores análisis los vimos también allí, de la mano de—por ejemplo—académicos jóvenes como Federico Tiberti. Y estas miradas en ocasiones arrebataron funciones tradicionalmente reservadas al periodismo profesional: por ejemplo, algunos de los escándalos más notorios de los últimos meses fueron identificados primero por personas curiosas mirando lo que estaba allí para ser visto, si el periodismo profesional no estuviera tan afectado por su política económica y sus relaciones personales con el poder (y otros problemas endémicos, como escasa y pobre formación, sueldos bajísimos, etcétera).

En ese ecosistema horizontal cada cual encontrará sus fuentes más confiables: podemos seguir en las redes sociales a todo tipo de personas, incluyendo—por ejemplo—a los principales asesores del presidente en los procesos de toma de decisiones sobre la pandemia, lo que ofreció algo de transparencia a un proceso por demás oscuro. Y seguramente sea deber de los ciudadanos de a pie revisar, periódicamente, esa confianza. Pero estas personas parecen ser imprescindibles para navegar un mundo cada vez más complejo, en parte porque el periodismo profesional—salvo notables excepciones—tiene problemas muy serios para cumplir las funciones que de él se esperan en una sociedad democrática.

https://doi.org/10.1057/9781137409058_3

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